La formación de los padres y madres constituye un derecho y es, a la vez, un deber inherente a su función educativa para con los hijos. Padres y madres necesitan sentirse apoyados y comprendidos por las instituciones y los profesionales de la educación en esta tarea. Las escuelas de padres y madres constituyen en espacio de formación donde se ponen en funcionamiento canales para la comunicación de inquietudes y dudas, así como de colaboración en la resolución de problemas comunes.
Proponemos un “modelo de formación y de participación activa”, sustentado sobre bases sólidas que han de contribuir a conseguir una educación de calidad. Este modelo comporta dos niveles de participación de los padres en la vida de las escuelas: uno formativo, que intenta cubrir las demandas que hacen los padres para dar apoyo al desarrollo de los hijos; y otro participativo, que ha de intentar proporcionar las vías necesarias para la participación de los padres en la democratización y en la gestión de los centros educativos.
Por todo lo expuesto, es fundamental que nuestra Confederación cuente con una Escuela de Padres permanente en cada una de sus tres provincias, programando y realizando charlas a lo largo de cada curso escolar sobre todas aquellas cuestiones que puedan ayudar a los padres a resolver sus dudas y a mejorar la educación de sus hijos e hijas.